Texto del Evangelio (Jn 10,1-10): En aquel tiempo, dijo Jesús: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».
El discurso del Buen Pastor, que Jesús dirige a sus discípulos, adquiere una resonancia especial cuando lo leemos en el contexto de la Pascua. Todavía están vivos en nuestro corazón cada uno de los detalles de la entrega de Jesús en la cruz, por cada uno de nosotros. Jesús ha dado la vida: la imagen del pastor ha cobrado realidad con una viveza extraordinaria. Hoy no contemplamos solo una parábola, sino una verdad profunda y concreta.
Jesús es el pastor y, a la vez, la puerta. Seguir a Jesús no es simplemente ir detrás de él, como quien acepta unos principios o se adhiere a un líder. Quien se decide a seguirle descubre un modo nuevo de vivir, porque el Señor no solo conduce a sus ovejas, sino que les permite “entrar” en Él y participar de su comunión con Dios. Jesús concede una vida plena, abundante, porque nos da a Dios.
Jesús ha cumplido su palabra. No solo ha dado su vida en el cruz sino que la comparte de una forma sorprendente. Esta entrega de Jesús es la prueba más fehaciente de su amor por nosotros. La fe en el amor inconmensurable de Dios tiene un sólido fundamento.
En el domingo del Buen Pastor, en el que la Iglesia celebra la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el Papa invita a todos los fieles a crear contextos favorables para que el don de la vocación puede ser comprendido y acogido. “Sólo si nuestros ambientes brillan por la fe viva, la oración constante y el acompañamiento fraterno, la llamada de Dios podrá surgir y madurar, convirtiéndose en camino de felicidad y salvación para cada uno de nosotros y para el mundo. Recorriendo el camino que Jesús, el Pastor bello, nos indica, aprendemos entonces a conocernos mejor a nosotros mismos y a conocer más de cerca a Dios que nos ha llamado” (León XIV, Mensaje, IV Domingo de Pascua, 26 de abril de 2026).
Otros comentarios: evangeli.net; opusdei.org; Biblia de Navarra
Otros recursos: varias homilías