Bioética

El juramento hipocrático, el aborto y la eutanasia

Hipócrates (c. 460–370 a.C.) fue un médico griego considerado tradicionalmente el «padre de la medicina». Su importancia no radica en un descubrimiento puntual, sino en haber transformado la forma de entender y practicar la medicina.

Inspiró el llamado Corpus Hipocrático, una colección de unos 60 tratados médicos antiguos asociados a su escuela.

Muchos principios introducidos por Hipócrates siguen siendo sorprendentemente actuales en la medicina moderna. Podemos destacar:

1. Observación clínica sistemática

Hoy sigue siendo esencial: la historia clínica y la exploración física siguen siendo pilares antes de cualquier prueba. Hipócrates y sus seguidores fueron los primeros en describir muchas enfermedades y trastornos médicos. Se le atribuye la primera descripción de la acropaquia, un signo clínico importante en la enfermedad pulmonar obstructiva crónica,​ el cáncer de pulmón y la cardiopatía cianótica. También fue el primer médico que describió la «cara hipocrática» que es un conjunto de rasgos faciales característicos que indican grave deterioro del estado general, como signo de enfermedad avanzada o inminente fallecimiento..

2. Medicina racional (no mágica)

Las enfermedades tienen causas naturales. Este enfoque es la base del método científico en medicina.

3. Importancia del estilo de vida

Aconsejó la dieta, el ejercicio y el deporte.  Hoy en día, estos consejos pueden apreciarse en temas de medicina preventiva para los factores de riesgo de las enfermedades.

4. Curso natural de la enfermedad. Hipócrates empezó a clasificar las enfermedades en agudascrónicasendémicas y epidémicas.

5. Registro de casos clínicos.

6. Estableció los principios de la Ética Médica, fundando su famoso JURAMENTO:

Juro por Apolo Médico, por Asclepio, por Higía y por Panacea, y pongo por testigos a todos los dioses y diosas, que cumpliré, según mi capacidad y mi juicio, este juramento y compromiso: 

Consideraré a quien me enseñó este arte como a mis propios padres; compartiré con él mis bienes y, si lo necesita, le ayudaré; consideraré a sus hijos como hermanos míos y les enseñaré este arte, si desean aprenderlo, sin retribución ni contrato. 

Transmitiré los preceptos, las enseñanzas orales y todo otro conocimiento a mis hijos, a los hijos de mi maestro y a los discípulos ligados por juramento según la ley médica, pero a nadie más. 

Aplicaré los regímenes para el bien de los enfermos según mi capacidad y mi juicio, y me abstendré de causarles daño o injusticia. 

A nadie daré un fármaco mortal aunque me lo pida, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo; tampoco daré a ninguna mujer un pesario abortivo. 

Viviré y practicaré mi arte de forma pura y santa. No practicaré la operación de la piedra (litotomía), dejándola a quienes se ocupan de este trabajo. En cualquier casa que entre, lo haré para bien de los enfermos, manteniéndome alejado de toda injusticia voluntaria y corrupción, especialmente de relaciones sexuales con mujeres u hombres, libres o esclavos. 

Todo lo que vea u oiga en el ejercicio de mi profesión o fuera de ella en la vida de los hombres, que no deba divulgarse, lo callaré considerando tales cosas como secretos. 

Si cumplo este juramento sin quebrantarlo, que se me conceda disfrutar de la vida y del arte, honrado entre todos los hombres para siempre; pero si lo quebranto y soy perjuro, que me suceda lo contrario. 

¿Porqué Hipócrates hace mención a no dar un fármaco mortal aunque se lo pidieran o no provocar un aborto en una mujer embarazada? Es curioso que lo estableciera como un paradigma esencial. No lo puso de relieve de manera confusa, sino que lo escribió rotundo e incuestionable. Este médico griego del siglo V a. de C. tenía muy claro que estas premisas eran irrenunciables.

EL JURAMENTO HIPOCRÁTICO Y LA MEDICINA ACTUAL

Como se ha mencionado, muchos aspectos que introdujo Hipócrates se mantienen actualmente, pero no es menos cierto que, en el caso de la eutanasia y del aborto, este principio hipocrático se ha diluido.

Si atendemos a la Declaración de Ginebra del año 2017, se puede leer lo siguiente:

COMO MIEMBRO DE LA PROFESIÓN MÉDICA:

PROMETO solemnemente dedicar mi vida al servicio de la humanidad;

LA SALUD Y EL BIENESTAR DE MI PACIENTE serán mis primeras consideraciones;

RESPETARÉ la autonomía y la dignidad de mi paciente;

VELARÉ con el máximo respeto por la vida humana;

NO PERMITIRÉ que consideraciones de edad, enfermedad o discapacidad, credo, origen étnico, género, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual, estatus social o cualquier otro factor interfieran entre mi deber y mi paciente;

GUARDARÉ Y RESPETARÉ los secretos que me sean confiados, incluso después del fallecimiento del paciente;

EJERCERÉ mi profesión con conciencia y dignidad y de acuerdo con la buena práctica médica;

FOMENTARÉ el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica;

OTORGARÉ a mis maestros, colegas y estudiantes el respeto y la gratitud que merecen;

COMPARTIRÉ mis conocimientos médicos en beneficio del paciente y el avance de la atención sanitaria;

ATENDERÉ mi propia salud, bienestar y capacidades para prestar una atención médica del más alto nivel;

NO UTILIZARÉ mis conocimientos médicos para violar los derechos humanos y las libertades civiles, incluso bajo amenaza;

HAGO estas promesas solemne y libremente, bajo mi palabra de honor.

Si comparamos ambas posiciones en una tabla podrá evidenciarse que  hay una diferencia evidente.

Principales diferencias entre el juramento de Hipócrates y la declaración de Ginebra del 2017.

Juramento Hipócrates Declaración Ginebra 2017
Invoca dioses griegos Es completamente laica
Prohíbe explícitamente veneno y pesario abortivo No menciona aborto ni eutanasia, pero expone claramente que “VELARÉ con el máximo respeto por la vida humana”
Restringe la enseñanza a ciertos discípulos Promueve compartir conocimiento ampliamente
Prohíbe una cirugía específica (litotomía) No prohíbe técnicas concretas
Enfatiza pureza personal Enfatiza derechos humanos y no discriminación
No menciona autonomía del paciente Coloca la autonomía como principio central

Efectivamente, Hipócrates invoca a los dioses griegos. En aquella época la fenomenología teológica se basaba en la mitología.  La mitología griega, como otras mitologías, es un sistema de historias con mezcla de dioses, héroes y monstruos para explicar el mundo y la naturaleza humana. Las mitologías carecen de tiempo histórico, su concepción es simbólica. Sin embargo, la declaración de Ginebra se define como laica. Si el fundamento y posterior desarrollo de Europa tienen su base en el Cristianismo, es decir, en Jesús Dios y hombre verdadero, se ha preferido prescindir de este elemento. Por tanto, estamos ante una situación que,  ha dejado de tener un punto de referencia fundamental, para caer en una autosuficiencia por parte del ser humano.

LA LEGISLACIÓN Y LA ÉTICA MÉDICA

Actualmente la ética médica se rige más por leyes nacionales. En donde el aborto y la eutanasia son legales, con los requisitos correspondientes, los médicos pueden practicarlo conforme a la ley. Toda esta legislación, se basa en la autonomía del paciente (decidir sobre sí mismo), la no maleficencia (no causar daño), la beneficencia (hacer el bien) y la justicia (trato equitativo).

Aunque la ley se presenta como éticamente fundada en principios respetables, en realidad se está usando de una manera que permite justificar la eliminación de la vida humana. La autonomía se convierte en un criterio absoluto, incluso para decidir sobre la vida o la muerte, la beneficencia se redefine como eliminar el sufrimiento eliminando a la persona, la no maleficencia se distorsiona, porque se considera «no hacer daño» acabar con una vida que sufre y la justicia se entiende como dar acceso igual a estas prácticas. Por consiguiente, esos principios dejan de proteger verdaderamente a la persona y pasan a justificar acciones que contradicen la dignidad humana (cf. Juan Pablo II, Humanae vitae, nn. 64ss).

Un filósofo alemán recientemente fallecido, Jürgen Habermas,  ha postulado de que no basta con que el parlamento apruebe una ley para que sea automáticamente justa o «verdadera». Su pensamiento es más exigente. Una ley debe surgir de una deliberación racional en la cual los ciudadanos pueden participar libremente, hay debate público y los argumentos se discuten racionalmente Por tanto, no basta con votar. La mayoría no garantiza la justicia. Para Habermas, una mayoría parlamentaria puede equivocarse siel debate público está manipulado, hay desigualdad en la participación y no se escuchan todos los argumentos.Habermas distingue entre legalidad en que la ley ha sido aprobada según las reglas del sistema político y legitimidad en que la ley podría ser aceptada racionalmente por todos los afectados. Habermas afirma que la verdad moral no depende solo del parlamento ya que, éste no crea la verdad moral, sino que debe expresar el resultado de un debate racional de la sociedad.

El pensamiento de Jürgen Habermas es criticable, especialmente sobre la verdad, la moral y el fundamento último de la sociedad. Para Habermas, una norma es válida si todos los afectados podrían aceptarla en un diálogo racional. Sin embargo, esto es problemático porque la moral no depende del consenso sino que depende  de la verdad sobre la naturaleza humana. La ley moral deriva de la ley natural , que procede de Dios. Por consiguiente algo no es bueno porque lo aceptemos, sino que lo aceptamos porque es bueno. Por otra parte, la verdad no se decide por debate. Habermas confía en que la verdad puede emerger del diálogo racional. La verdad existe objetivamente, no depende de un procedimiento. Por tanto, el diálogo puede ayudar a descubrir la verdad, pero no crearla. Habermas tiene una gran confianza en la capacidad racional de las personas para llegar a acuerdos justos. No obstante, la razón humana está oscurecida y la voluntad debilitada. Como consecuencia, el diálogo racional no siempre conduce al bien.

Si la moral depende del consenso racional una sociedad podría justificar moralmente cosas injustas como el aborto y la eutanasia.  Dicho lo cual ¿el aborto y la eutanasia son un derecho porque se ha llegado a un consenso parlamentario? La respuesta es evidentemente que no. La razón está en la definición de derecho humano: los derechos humanos nacen de la dignidad de la persona creada por Dios. Un derecho humano es, por tanto: Una exigencia moral fundada en la naturaleza y dignidad de la persona humana, que debe ser respetada y protegida por la sociedad y por el Estado. La persona humana es el fundamento, causa y fin de toda vida social. Por eso posee derechos que no dependen del Estado, sino de su propia naturaleza.

¿La vida humana es un derecho? Por supuesto que sí, porque cumple las características que lo definen:

  1. Procede de la ley natural.

2) Es anterior al Estado.

3) Debe ser reconocida y protegida por las autoridades.

Por consiguiente el derecho al aborto y a la eutanasia no los puede conceder un sistema parlamentario de mayorías; el Estado debe reconocer el derecho a la vida humana porque procede de la dignidad de la persona. Si volvemos al principio, este aspecto sobre el derecho a la vida humana era intrínsecamente evidente para Hipócrates. Sabía que ser médico no era dar muerte a las personas. Por eso invoca a los Dioses de la época, reconoce que él mismo no está por encima de todo.   Pero, desde la Declaración de Ginebra del 2017 la relación del ser humano con lo trascendente se obvia y progresivamente se ha ido sustituyendo por un consenso parlamentario que decide que es justo y que es injusto.

Ante una premisa tan básica como el derecho a la vida, que es un aspecto básico del ser humano, la democracia no se puede convertir en un procedimiento que encubre un relativismo moral. Porque si el criterio último de lo justo es la voluntad mayoritaria de un parlamento, desaparece la noción misma de derecho humano y se reduce la justicia a lo que conviene o lo que se impone. Ahora bien, puede parecer que se respeta la dignidad cuando se habla del «derecho a decidir». Sin embargo, el problema de fondo es que «decidir» no equivale a «derecho».

Decidir es un acto interno o una preferencia; un derecho es una exigencia moral objetiva fundada en la persona, como se ha dicho. Si el derecho se hace depender del número, termina dependiendo de la fuerza política y cultural del momento.Por eso, el verdadero test de una democracia es saber reconocer los límites que protegen a los más vulnerables, precisamente cuando su vida o su dignidad no tienen capacidad de hacerse oír en el parlamento. En este punto conviene recordar que la mayoría puede proteger bienes comunes, sí; pero no puede redefinir lo que es bueno o malo para anular derechos que pertenecen a la naturaleza humana.

En el caso del aborto y la eutanasia, no se trata de «imponer una religión de carácter fideísta en la que no existen evidencias históricas, arqueológicas, testificales ni una crítica textual de sus escritos que la pudieran avalar», sino de sostener que el derecho a la vida es anterior al Estado y a un sistema parlamentario y que el Estado tiene el deber de tutelar la vida incluso cuando la opinión pública está dividida.  Y para ello se apela a la ley natural, que de algún modo apelaba Hipócrates al mencionar a los Dioses griegos en su juramento. Si no se reconoce esa prioridad, entonces cualquier contenido de los derechos queda siempre al arbitrio de los gobiernos.

Hoy puede ser la vida del no nacido o del enfermo; mañana podría ser cualquier otra condición humana que deje de ser políticamente conveniente.La consecuencia práctica es clara: una sociedad puede parecer moderna por su amplitud de debates, pero convertirse en injusta si confunde legitimidad con legalidad o si llama «derecho» a lo que en realidad es solo una decisión mayoritaria. La razón última no puede ser el parlamento, porque el parlamento no crea la dignidad: la reconoce o la vulnera. Y cuando la vulnera, incluso una ley perfectamente aprobada deja de ser auténticamente justa.

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* Doctor en medicina.

REFERENCIAS BIBLIOGRÀFICAS

Aquinas, T. (1981). Summa Theologiae (I–II, q. 91, a. 2; q. 94, a. 2 y q. 95, a. 2).

Asociación Médica Mundial. (2017). Declaración de Ginebra.

Boylan, Michael (2006), Hippocrates, Internet Encyclopedia of Philosophy.

Garrison, Fielding H. (1966), History of Medicine, W.B. Saunders Company, Filadelfia.

Habermas, J. (1981). Teoría de la acción comunicativa. Madrid: Taurus.

Juan Pablo II. (1995). Evangelium Vitae. Vaticano.

Juan XXIII. (1961). Mater et Magistra. Vaticano.