Panorama

Silenciar el postaborto: boicot a un acto testimonial en Barcelona

El día 17 de septiembre de 2026 se organizó un acto en Santa María de Montalegre, en el barrio del Raval de Barcelona, con el testimonio de mujeres que habían abortado y que posteriormente se dieron cuenta del drama que ello representa para la propia mujer, además de la eliminación del nasciturus. El acto formaba parte de las conferencias, coloquios y debates que cada mes se celebran en el salón de actos de esta institución, que son abiertos y gratuitos. Como en otras ocasiones, se había difundido en las páginas web de las organizaciones convocantes, en redes sociales, mediante invitaciones personales y otros medios de comunicación.

En esta ocasión contaba con el respaldo de la Corriente Social Cristiana, las Entidades por la Vida y la Plataforma por la Familia Cataluña-ONU. El motivo era que, conocedoras de la existencia de una creciente movilización a favor del aborto, estas entidades consideraban necesario actuar en defensa de la vida.

El acto respondía a la necesidad de dar a conocer el drama del aborto ante una fuerte presión social y política favorable a su normalización, con repetidos intentos de convertir el aborto en un derecho. Existen diversas declaraciones públicas de diversos ministros en ese sentido y se busca convertir Barcelona en la capital de la promoción del llamado «derecho al aborto».

Un aspecto muy concreto era que para el día 1 de octubre estaba convocado un foro promovido por la Asociación de Derechos Sociales y Reproductivos, es decir, por activistas favorables al aborto, bajo el lema «¡Quiero abortar!». Los días 2 y 3 de octubre se celebraría además un congreso del Foro Internacional de Alianzas por el Derecho al Aborto, bajo el título Activistas para transformar sistemas sanitarios y espacios comunitarios. Se trataba de un encuentro de organizaciones y entidades dedicadas a la promoción y defensa del derecho al aborto.

Ante esta situación, y con el objetivo de clarificar qué representa el aborto, aquellas entidades que defienden la vida pusieron en marcha diversas acciones. La primera de ellas, y probablemente la más impactante, consistía en mostrar el drama del aborto a través de algunas de sus protagonistas: mujeres que abortaron y que posteriormente han sufrido y comprendido el verdadero significado de aquella decisión y sus consecuencias. Un acto de gran valentía por parte de ellas, ya que rara vez se desea hacer pública una experiencia de este tipo.

Por este motivo se organizó el acto bajo el título «¿Y después del aborto, qué?». En el subtítulo de uno de los carteles se decía: «Ven a conocer la realidad silenciada, explicada por sus protagonistas». Además de los asistentes presenciales, el evento podía seguirse por streaming.

El día señalado fue acudiendo mucha gente al acto, más que a cualquiera de las sesiones celebradas anteriormente en aquel lugar. La sala quedó desbordada, ocupándose también la galería superior y siendo necesario añadir sillas e incluso colocarlas en el vestíbulo. Para sorpresa de los organizadores asistieron muchas mujeres jóvenes, lo que parecía indicar que se trataba de un tema que les interesaba especialmente.

Lo que no sabían los organizadores era que entre los asistentes se encontraba también un grupo de unas 35 o 40 personas partidarias del aborto, que se habían distribuido por la sala como cualquier otro participante. Habían acudido con el propósito de impedir la celebración normal del acto y evitar que aquellas mujeres pudieran ofrecer su testimonio.

Una vez iniciada la sesión, el portavoz de los organizadores fue explicando el sentido y el contexto del encuentro. En un momento determinado, poco antes de finalizar su intervención, una de las mujeres, aparentemente la principal organizadora del grupo, gritó: «¿Cómo podéis decir eso?». Aquella fue la señal para iniciar la acción de boicot.

Inmediatamente comenzaron a corear consignas como «Aborto libre y gratuito», la más repetida de todas, además de otras como «¡Viva, viva, viva, la lucha feminista!», «Nosotras parimos, nosotras decidimos» o «Sacad vuestros rosarios de nuestros ovarios». Al mismo tiempo, unas diez o doce personas se dirigieron rápidamente hacia la mesa de los ponentes, donde desplegaron una pancarta con consignas favorables al denominado aborto seguro. Una de ellas tomó el micrófono de la mesa y comenzó a amplificar los gritos. Un asistente forcejeó para recuperarlo y el aparato terminó rompiéndose. Paralelamente, otras jóvenes desplegaron carteles de menor tamaño con mensajes similares.

También cubrieron la cámara de grabación y se rompió el cable de conexión, lo que provocó la interrupción de la transmisión en streaming. Asimismo, intentaban impedir que los asistentes grabaran las incidencias con sus teléfonos móviles. Las personas que estaban situadas en la galería superior descendieron a la planta principal para unirse a la protesta. Entre los aproximadamente cuarenta activistas había también uno o dos hombres.

Sin embargo, no se limitaron a interrumpir el acto para abandonarlo acto seguido. Se atrincheraron en la parte central de la sala, junto a la mesa de los ponentes, impidiendo cualquier actividad, incluida la transmisión por streaming y, en la medida de lo posible, también la grabación mediante cámaras y teléfonos móviles de los asistentes. Todos los intentos de diálogo resultaron inútiles.

Hubo empujones, pero los propios organizadores pidieron a los asistentes que mantuvieran la calma y no respondieran a las provocaciones. Resultaba evidente que quienes dirigían la acción buscaban una reacción física que pudiera presentar mediáticamente a los agredidos como agresores. Parecía tratarse de personas experimentadas en este tipo de actuaciones destinadas a silenciar actos cuyos planteamientos no compartían. Nada daba la impresión de ser improvisado; por el contrario, la acción parecía cuidadosamente preparada y coordinada.

Transcurridos más de quince minutos, que se hicieron especialmente largos para los presentes, y comprobando que era imposible recuperar la normalidad, algunos asistentes llamaron al 112 solicitando la presencia de la policía. Varias personas bajaron a la calle para esperar su llegada. Poco después pasó un vehículo patrulla de los Mossos d’Esquadra, cuyos agentes fueron avisados y accedieron a la sala.

Fue entonces, ante la presencia policial, cuando los activistas comenzaron a abandonar el recinto. Varias de las personas participantes en la acción fueron identificadas por los Mossos.

La interrupción duró aproximadamente veinticinco minutos. A pesar de lo sucedido, los organizadores decidieron no suspender la sesión. Finalmente, cuatro mujeres y un hombre ofrecieron testimonios especialmente impactantes sobre las consecuencias personales y humanas del aborto. El hombre intervino asimismo para explicar su propia experiencia, al haber participado en la decisión que condujo al aborto de su compañera.

Posteriormente se presentaron denuncias por parte de la iglesia de Montalegre y de algunos de los organizadores del acto. De manera independiente, también presentó acciones legales la asociación Abogados Cristianos.

Conclusión

Más allá de las posiciones que cada persona pueda mantener sobre el aborto, lo sucedido en Montalegre plantea una cuestión de fondo que afecta directamente a la convivencia democrática: si es legítimo impedir mediante la intimidación, la coacción o la fuerza que otras personas expresen públicamente su experiencia. Las mujeres convocadas para hablar aquella tarde no pretendían imponer una posición política ni impedir actos ajenos; simplemente querían dar testimonio de una realidad personal dolorosa y de las consecuencias que esa experiencia tuvo en sus vidas. Precisamente por ello resulta significativo que se intentara impedir que fueran escuchadas. El debate público exige discrepancia, contraste de ideas y libertad para defender posiciones opuestas, pero también exige respeto a la libertad de expresión y al derecho de toda persona a contar su propia historia. Cuando la respuesta al desacuerdo es el silenciamiento del otro, lo que se resiente no es solamente una determinada causa, sino la calidad misma de la vida democrática.