El Evangelio de Jesús es el Evangelio de la Vida
San Juan Pablo II, el 25 de marzo de 1995, firmaba la encíclica Evangelium vitae (El Evangelio de la Vida (EV). No es una fecha cualquiera, es la fiesta de la Encarnación del Hijo de Dios, nueve meses antes de la celebración de su nacimiento, el 25 de diciembre.
En comunión con todos los obispos del mundo
Esta encíclica respondía a la petición hecha por el Consistorio extraordinario de Cardenales, celebrado el abril de 1991, al Papa. Después de un profundo debate sobre las amenazas en la vida humana, los Cardenales pidieron al Papa ratificar, “con la autoridad del Sucesor de Pere, el valor de la vida humana y su carácter inviolable, con relación a las circunstancias actuales y a los atentados que hoy lo amenacen.”
El Papa Juan Pablo II pidió la colaboración de todos los obispos, así que el documento es fruto de la colaboración del Episcopado de todos los países del mundo. Y quiere ser una confirmación precisa y firme del valor de la vida humana y de su carácter inviolable, y, al mismo tiempo, un llamamiento urgente a todo el mundo y a cada uno, en nombre de Dios al “respeto, defensa, aprecio y servicio a la vida, toda vida humana! Solo siguiendo este camino se encontrará justicia, desarrollo, verdadera libertad, paz y felicidad!”
El año 1995 ya se constataba un panorama alarmante: “El hecho que las legislaciones de muchos países hayan consentido no penar o incluso reconocer la plena legitimidad de estas prácticas contra la vida es a la vez un síntoma preocupante y causa no marginal de un grave deterioro moral.”
La encíclica reconoce que son numerosos los ataques contra la vida humana. Pero explica que se centrará en los atentados relativos “a la vida naciente y terminal, que presentan caracteres nuevos respecto al pasado y suscitan problemas de gravedad singular, por el hecho que tienden a perder, en la conciencia colectiva, el carácter de «delito» y a asumir paradójicamente el de «derecho».”
Una encíclica todavía más actual
Si hace treinta años la situación del aborto provocado era grave, ahora todavía lo es más. Encontramos países donde los abortos han disminuido los últimos años, como Estados Unidos, Rusia o Hungría, pero a nivel mundial han aumentado. Los datos estimados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), a partir de los estudios del Instituto Guttmacher, indican un incremento de los abortos a nivel mundial desde el año 1995 (Tabla 1).
Estimación de la cantidad de abortos al mundo en un año
| Año | 1995 | 2003 | 2008 | 2014 | 2019 |
| Millones | 45,6 | 41,6 | 43,8 | 55,7 | 73 |
Fuente: Instituto Guttmacher, excepte 2014 que es The Lancet
En la web de la OMS, del año 2025, siguen considerando válida la cifra de 73 millones de abortos cada año, esto representaría el 29% de todos los embarazos.
Los datos presentados por l´OMS, institución muy favorable al aborto, se obtienen de varias fuentes, algunas no son oficiales y se basan en encuestas o estimaciones a partir de datos parciales. Sorprende mucho un incremento tanto grande desde el año 2014 al 2019 y habría que valorarlo con profundidad.
Según el Ministerio de Sanidad, la situación en Cataluña el año 1995 era de 10.480 abortos provocados y en el año 2024 fueron 21.761. En España también hay un incremento: de 49.367 el año 1995 a 106.172 en el año 2024.
La situación de la eutanasia y el suicidio asistido también se han agravado. La eutanasia, el año 1995, no era legal en ningún país del mundo y el suicidio asistido solo lo era en Suiza. Actualmente, la eutanasia es legal en Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Colombia, Canadá, Australia, España, Nueva Zelanda, Portugal, Ecuador y Uruguay. El suicidio asistido es legal en Suiza y en once estados de EE. UU. En Alemania, Austria e Italia hay sentencias judiciales a favor de permitir el suicidio asistido.
A favor de la vida humana antes de nacer: no al aborto
El Concilio Vaticano II (1965) había reiterado la enseñanza de la Iglesia y manifestando: “La vida, desde su concepción, tiene que ser salvaguardada con la máxima cura; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables” (Gaudium te spes, 51).
San Juan Pablo II, en la encíclica El Evangelio de la Vida, de forma solemne declara: “Por lo tanto, con la autoridad conferida por Cristo a Pere y a sus sucesores, en comunión con los obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente es siempre gravemente inmoral. Esta doctrina, fundamentada en aquella ley no escrita que cada hombre, a la luz de la razón, encuentra en el propio corazón (cf. Rm 2, 14-15), es corroborada por la Sagrada Escritura, transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal” (EV 57).
Más adelante declara que: “El ser humano tiene que ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y, por eso, a partir de este mismo momento se le tienen que reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente en la vida” (EV 60).
A favor de la vida humana: no a la eutanasia
San Juan Pablo II, también de manera muy solemne, escribe en esta encíclica: “De acuerdo con el Magisterio de mis predecesores y en comunión con los obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto que eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal” (EV 65).
A continuación se concreta más: “La eutanasia, aunque no esté motivada por el rechazo egoísta de hacerse cargo de la existencia del que sufre, tiene que ser considerada como una falsa piedad, más todavía, como una suya preocupante «perversión». En efecto, la verdadera «compasión» hace solidarios con el dolor de los otros, y no elimina la persona el sufrimiento del cual no se puede soportar” (EV 66).
Una movilización más intensa a favor de la vida
Aunque han diferencias entre los países y regiones, la impresión global es que hay mucho para hacer. Todavía son escasas las iniciativas a favor de la vida humana como pedía san Juan Pablo II: “Es urgente una movilización general de las conciencias y un común esfuerzo ético, para poner en práctica una gran estrategia a favor de la vida. Todos juntos tenemos que construir una nueva cultura de la vida” (EV 95).
La Iglesia Católica, en nuestro entorno, como institución tiene pocas iniciativas específicas en favor de la vida humana antes de nacer; muchas veces se limita en declaraciones. Ante una tragedia tan inmensa, ante los numerosos ataques a la vida, sorprende la poca planificación y organización de planes de acción para reaccionar ante la cultura de la muerte y dar recursos para evitar el desastre del aborto y la eutanasia. Es doloroso describir así esta situación pero esconderlo no ayudaría a mejorar.
Tanto a nivel parroquial, educativo, diocesano y de las conferencias episcopales, es urgente y necesario trabajar mucho más intensamente en favor de la cultura de la vida para proteger los que tienen que nacer, dar más apoyo a las mujeres y cuidar bien los enfermos.
Iniciativas a favor de la vida
En el ámbito catalán destacamos el trabajo que, desde hace muchos años, realizan la Fundación provida o las religiosas “Sirvientas de la Pasión”. Desde hace unos 13 años han surgido otras iniciativas particulares, entre las que destacamos Casa Guadalupe en el Vallès Oriental, Hogar de María en unas 20 parroquias de Cataluña, Fundación Maternity y AfaDona en Barcelona, 40 Días por la Vida rogando ante algunos centros de aborto, o el Proyecto Raquel para sanar a las mujeres que han abortado, entre otras.
Muchas de estas iniciativas son realizadas por personas católicas voluntarias, aunque la mayoría son instituciones que formalmente no se definen como católicas y que atienen a cualquier persona independientemente de su religión, origen o cultura.
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* Sacerdote y doctor en Medicina. Delegado de Pastoral de la Salud de la Diócesis de Sant Feliu de Llobregat.