Papa Francisco

La voz del Papa 2024 (Febrero II)

Catequesis en las Audiencias de los miércoles

 Vicios i virtudes 9. La envidia y la vanagloria (28 de febrero)

En la catequesis de hoy examinamos la envidia y la vanagloria, dos vicios capitales propios de las personas que buscan ser el centro del mundo y de todos los elogios.

La envidia aparece ya desde las primeras páginas de la Biblia. Cuando leemos el relato de Caín y Abel vemos que, movido por la envidia, Caín llegó incluso a matar a su hermano menor. El envidioso busca el mal del otro, no sólo por odio, sino que en realidad desearía ser como él. La lógica divina es el amor y la gratuidad.

La vanagloria se manifiesta como una autoestima desmesurada y sin fundamentos. El que se vanagloria —el vanidoso, el engreído— es egocéntrico y reclama atención constantemente. En sus relaciones con los demás no tiene empatía ni los considera como iguales. Tiende a instrumentalizar todo y a todos para conseguir lo que ambiciona.

ALOCUCIONES – Angelus-Regina cæli

Jesús tentado en el desierto (18 de febrero)

También nosotros en Cuaresma somos invitados a “entrar en el desierto”, en el silencio, en el mundo interior, a la escucha del corazón. En el desierto Cristo «Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían». Fieras y ángeles eran su compañía. Son también nuestra compañía en nuestro desierto interior.

Fieras. En la vida espiritual estas «fieras» del alma son las pasiones desordenadas que dividen nuestro corazón: los vicios, el ansia de riqueza, la vanidad del placer, la codicia de la fama… Ángeles. Mensajeros de Dios que nos ayudan, nos recuerdan los buenos pensamientos, aquietan el corazón, infunden el sabor de Cristo cuando se hace silencio en la oración.

La transfiguración de Jesús (25 de febrero)

Después de anunciar su Pasión a los discípulos, Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, sube a un monte alto y allí se manifiesta físicamente en toda su luz. Así les revela el sentido de lo que habían vivido juntos hasta ese momento: la luz de Jesús, la luz que es Jesús.

He aquí el mensaje: no apartes nunca los ojos de la luz de Jesús. Un poco como hacían antiguamente los campesinos que, al arar los campos, centraban la mirada en un punto preciso que tenían delante y, manteniendo los ojos fijos en la meta, trazaban surcos rectos.

DISCURSOS

A la comunidad de sacerdotes de Nápoles (16 de febrero)

A la «Junta Constructora» de la Sagrada Familia (17 de febrero)

A los participantes del Congreso «La Iglesia en la Educación. Presencia y Compromiso» de la Comisión Episcopal Española (20 de febrero)

(Transcribimos el texto completo)

Queridos hermanos,

Os saludo a ustedes participantes del congreso convocado por la Conferencia Episcopal Española en Madrid. He sabido que hace cien años tuvo lugar otro gran congreso semejante promovido por los obispos de España. La misión educativa de la Iglesia permanece a lo largo de los siglos. Entonces y ahora nos impulsa una misma gran esperanza que brota del Evangelio, con la que miramos a todos, empezando por los más pequeños y vulnerables.

La educación es, ante todo, un acto de esperanza en quien tenemos delante, en el horizonte de su vida, de sus posibilidades de cambio y de contribución a la renovación de la sociedad.

Hoy, la misión educativa tiene una urgencia particular, por eso he insistido en un pacto educativo global, cuya prioridad es saber poner en el centro a la persona.

Todos tienen derecho a la educación, nadie debe ser excluido. No puedo dejar de recordar a tantos niños y jóvenes sin acceso a la educación en diversas partes del mundo, que sufren opresión e incluso la guerra y la violencia.

Me alegro mucho de que vosotros queráis hacer propia esta urgencia de la educación en este congreso. Trabajad por vuestras necesidades, en España, sin olvidar a nadie. Sed sensibles a las nuevas exclusiones que genera la cultura del descarte. Y no perdáis nunca de vista que la generación de relaciones de justicia entre los pueblos, la capacidad de solidaridad con los necesitados, y el cuidado de la casa común pasarán por el corazón, la mente y las manos de quienes hoy son educados.

Lo propio de la educación católica en todos los ámbitos es la verdadera humanización, una humanización que brota de la fe y que genera cultura.

Cristo habita siempre en medio de nuestras casas, habla nuestra lengua, acompaña a nuestras familias y a nuestro pueblo.

Cómo olvidar la presencia y el compromiso de la Iglesia con la educación en vuestra tierra, de tantas personas y comunidades que han contribuido con su labor a la identidad cultural de vuestra sociedad, y que han enriquecido incluso el camino de la Iglesia universal.

Los animo a que sigan reflexionando y caminando juntos, a que valoren su identidad y su fe. La educación es una labor coral, que pide siempre colaboración y trabajo en red; no se queden nunca solos, eviten la autorreferencialidad. La educación no es posible sin apostar por la libertad abriendo paso a la amistad social y a la cultura del encuentro.

Agradezco que la Iglesia en España haya querido mirar a su misión educativa en toda su amplitud. Podría decirse que es un signo de los tiempos. También doy gracias en especial a todos los educadores, agentes y protagonistas de la educación, a veces cansados y poco valorados hoy. Vuestra misión es querida por Dios y es muy importante para vuestros hermanos.

Jesús bendiga a las familias que tienen que educar a sus hijos y a todos los que estáis entregados a la misión educativa de la Iglesia. La Virgen Santa los cuide.

Estoy cercano a todos ustedes y los aliento a seguir siendo artesanos de la paz. Rezo por ustedes. Por favor, háganlo por mí.

Que Jesús los bendiga y nuestra Madre de Guadalupe los cuide. Fraternalmente.