La respuesta cristiana al caso Noelia es que la vida es un don de Dios del que cada uno y toda la sociedad somos responsables, pero esta conclusión de fe es también fácilmente accesible por el sentido común no ideologizado.
La vida la hemos recibido y por tanto es un don que henos de cuidar. Por otra parte, y frente al error de considerar el cuerpo como una propiedad personal de que que puedo disponer libremente, hay que afirmar que la persona es un todo, no sólo un yo que tiene un cuerpo en propiedad.
La respuesta cristiana no se limita a condenar la eutanasia, es comprensiva ante el sufrimiento pero no da como solución quitar la vida sino el apoyo en el el dolor. No todas las situaciones de salud física o mental se pueden curar pero todas se pueden tratar.
Nota de los obispos
El mismo día 26 de marzo de 2026 en que se iba a aplicar la eutanasia a la joven Noelia (ver este blog), se emitía una nota de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida, que expresa con claridad la respuesta cristiana al caso Noelia:
«Celebrábamos ayer la Jornada por la Vida, en el contexto de la Solemnidad de la Encarnación del Señor, con el lema: “La vida, un don inviolable”. Hoy contemplamos con profundo dolor la situación de Noelia, esta joven de 25 años cuya historia refleja una acumulación de sufrimientos personales y carencias institucionales que interpelan a toda la sociedad. Su situación no puede ser interpretada solo en clave de autonomía individual, sino que exige una mirada más honda, capaz de reconocer el peso del sufrimiento psicológico, la soledad y la desesperanza.
1. Queremos subrayar que la eutanasia y el suicidio asistido no son un acto médico, sino la ruptura deliberada del vínculo del cuidado, y constituyen una derrota social cuando se presentan como respuesta al sufrimiento humano. En este caso, no estamos ante una enfermedad terminal, sino ante heridas profundas que reclaman atención, tratamiento y esperanza.
2. La dignidad de la persona humana no depende de su estado de salud, ni de su percepción subjetiva de la vida, ni de su grado de autonomía. Es un valor intrínseco que exige ser reconocido, protegido y promovido en toda circunstancia. Por ello, la respuesta verdaderamente humana ante el sufrimiento no puede ser provocar la muerte, sino ofrecer cercanía, acompañamiento, cuidados adecuados y apoyo integral.
3. Deseamos manifestar nuestra cercanía a Noelia y a su familia, asegurándoles nuestra oración, afecto y compromiso con una cultura del cuidado que no abandona a nadie. Al mismo tiempo, hacemos un llamamiento a toda la sociedad para reforzar los recursos de atención psicológica, el acompañamiento humano y las redes de apoyo, especialmente para las personas más vulnerables.
Cuando la vida duele, la respuesta no puede ser acortar el camino, sino recorrerlo juntos. Solo así podremos construir una sociedad verdaderamente justa, donde nadie se sienta solo ni descartado.»
Contraste entre los casos de Noelia y Judith
Como contrapunto a la triste historia de Noelia, la COPE presentó un caso parecido pero con feliz desenlace. Trascribimos el relato presentado emitido por esta cadena de radiodifusión:
La historia de Judith es un relato de dolor, pero también de esperanza y segundas oportunidades. Tras una infancia y adolescencia marcadas por el sufrimiento, que culminaron en una lesión medular tras un intento de suicidio, llegó a pensar que la muerte era la única salida. Ahora, con 28 años y embarazada de cuatro meses, su vida es radicalmente distinta.
El punto de inflexión en su vida ocurrió el 29 de diciembre de 2016. Con 19 años y tras un largo historial de sufrimiento, se precipitó desde una altura de entre cinco y siete metros. El resultado fue devastador: se fracturó cuatro vértebras, la muñeca izquierda y la cabeza del radio derecho. Este fue el último de varios intentos de suicidio, pero el que le dejó las secuelas físicas más graves.
Postrada en una cama de hospital, sin saber si volvería a andar y con solo 19 años, Judith sintió que no podía más. «Estoy viva, ¿no? Pero aquí en la cama, que no sé si voy a poder andar, mi vida va a ser esto, tengo 19 años, entonces, ¿qué sentido tiene esto?», se preguntó. Fue en ese momento cuando la idea de la eutanasia apareció como la única solución para aliviar su dolor. «Menos mal que la ley no estaba aprobada, porque me veo a día de hoy la vida que tengo, y hubiera sido un gran fracaso terminar así», ha confesado.
El sufrimiento de Judith comenzó muy pronto. Su padre, adicto a las drogas y maltratador, abandonó a la familia, un hecho que le marcó profundamente. «Fue una infancia y una adolescencia marcada por mucho sufrimiento», explica. Durante años, se culpó a sí misma del abandono, una carga emocional que distorsionó su forma de relacionarse y su propia autoimagen.
En el colegio tampoco encontró un refugio, ya que sufrió acoso escolar. Ella lo atribuye a su dependencia emocional, una consecuencia de la «herida» de su padre. «Querer ser vista, querer ser querida», relata, la llevó a adoptar un rol de insistencia en sus relaciones que, como con su padre, a menudo tenía consecuencias negativas.
La balanza interior de Judith «se descompensó a favor de la muerte» en la adolescencia, concretamente en el tramo de los 17 a los 19 años. Fue entonces cuando empezó a autolesionarse. Lo describe como una forma de castigarse, alimentada por un encuentro con su padre en el que él la culpó de todo. «Fueron una serie de acusaciones, o sea, hacia mí todas, y yo no supe gestionarlo», ha relatado.
A pesar de recibir ayuda psicológica intermitente desde los 12 años, a los 17 sintió que perdía el control y volvió a terapia y a ser medicada. Las crisis de ansiedad eran tan intensas que fue ingresada en un hospital de día. Justo un día antes de su caída, ingirió 20 lorazepanes y, al día siguiente, pidió ayuda a su psicóloga y psiquiatra. «Les pedí, por favor, ayuda, que me cambiaran el tratamiento, que me ingresaran, y vieron que eso no era lo que yo necesitaba», recuerda sobre el momento previo al «acto de desbordamiento».
Tras el accidente, y a pesar de la oscuridad, apareció una luz. Una psicóloga del Institut Guttmann, el hospital de neurorrehabilitación, se convirtió en su «ángel». «Se hizo cargo de la situación, tuvo muchísima paciencia, mucho cariño, y la verdad que es un regalo que toda la vida estaré agradecida», afirma, destacando el contraste con experiencias «nefastas» anteriores.
Hoy, Judith sigue tratándose psicológica y físicamente, pero con una perspectiva nueva. Está casada desde diciembre con un hombre que ha sido un pilar fundamental durante más de cinco años. «Él ha tenido la paciencia y el amor para ayudar a ese corazón roto a poco a poco irse construyendo», dice. Ahora, está embarazada, con la mínima medicación y aprendiendo a gestionar las dificultades de otra manera.
Su proceso de sanación continúa, como ella misma dice, está «edificando a la Judith de verdad«, una construcción diaria. Su mensaje para quienes sufren es de empatía y esperanza: «El sufrimiento muchas veces puede parecer que no tiene ningún sentido, que es estéril, pero por mi experiencia, tantas veces ese sufrimiento ha dado fruto y ha edificado la gran mujer que a día de hoy soy, y que a día de hoy sigue construyéndose».
Caso Noelia: Precedente crítico» que sienta la eutanasia de Noeli
Por lo demás, varios expertos han alertado del precedente crítico que sienta la autanasia de Noelia. El psiquiatra José Miguel Gaona ha vinculado la petición de la eutanasia con el sentimiento de soledad. Apoyándose en una conferencia que impartió recientemente, ha explicado que los estudios demuestran que «aquellas personas se sentían solas, abandonadas por el mundo, abandonadas por la familia, […] pues tenían mayor tendencia a pedir esa eutanasia». Sin embargo, advierte de que este es solo «uno de los factores» en un problema complejo.
Aguilar, profesor de la Universidad Loyola, también ha puesto en duda a los comités de evaluación. «Habría que ver la naturaleza ideológica y el sesgo que tienen estos tribunales«, ha afirmado, deslizando que algunos son conocidos por su falta de «representatividad de distintas opciones«. El psicólogo ha lamentado que no se haya consultado a colectivos de expertos en el trastorno. «Asociaciones TLP, que tienen un un prestigio extraordinario, […] nadie les ha preguntado, en este caso», ha apostillado López Schlichting. Para Aguilar, el problema reside en la falta de recursos, pero también en el «interés«.