El 1 de julio de 2026, desoyendo una petición expresa del Papa León XIV, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X – la organización de los febreristas- consagró a cuatro nuevos obispos sin autorización papal (Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier) en Écône, Suiza. Era la segunda vez que ocurría una ordenación de este tipo.
La respuesta de la la Santa Sede no se hizo esperar: El 2 de julio de 2026, a través de un decreto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el Vaticano confirmó oficialmente el nuevo cisma y declaró la excomunión para los obispos ordenantes, los nuevos obispos y todos los fieles y sacerdotes que se adhieran formalmente a la citada fraternidad.
La separación de los lefebvristas de la Iglesia Católica no es solo resultado de unas divergencias litúrgicas, sino que hay otros problemas más de fondo, como la posición ante la libertad religiosa, el ecumenismo, la colegialidad episcopal y el reconocimiento de quien puede interpretar legítimamente la Tradición en la Iglesia. Así lo manifestó el Provicario General de la Archidiócesis de Barcelona, Dr. Emili Gil, en la conferencia que pronunció el 22 de septiembre de 2026 en la Sala de Actos de la Iglesia de Santa María de Montalegre de Barcelona, sobre el tema “La Santa Sede y los lefebrvrianos: un cisma en la Iglesia”.
El Dr. Gil sentó en el primer momento bases imprescindibles para abordar el tema: el deseo de unidad en la Iglesia y el no juzgar intenciones ni las conciencias de las personas, pero señaló que el hecho objetivo de la ordenación de obispos no solo sin el permiso del Papa sino con la prohibición explícita de éste es un acto cismático que está acompañado de excomunión, a pesar de que los protagonistas afirman reconocer la autoridad papal. Hizo referencia al texto que el papa León XIV envió al Superior de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X en en fechas previas a las ordenaciones de 2026, haciéndole ver que la unidad en la Iglesia no se limita a cuestiones legales, sino que va unida a la Pasión de Cristo y que de ello es muestra su túnica inconsútil.
Una larga historia de desencuentros
El conferenciante hizo un repaso a la historia de los desencuentros y su cronología. Explicó que monseñor Marcel Lefebvre desarrolló una gran labor apostólica en África en su juventud y como obispo de Dakar, que de regreso a Europa fue Superior General de la Congregación del Espíritu Santo, y que en Concilio Vaticano II defendió posiciones tradicionales junto con otros obispos y expresó oposición y objeciones a algunos puntos, pero al terminar firmó los documentos conciliares.
Tras el Concilio se produjeron en el seno de la Iglesia y entre muchos, ciertamente, muchas desviaciones doctrinales, aplicaciones inadecuadas y verdaderos disparates en la liturgia. Ante ello, Lefebvre empezó a endurecer su posición, cuestionando no sólo tales excesos sino el Concilio en sí mismo. En 1970 fundó la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, y con ella el seminario de Écône, en Suiza. Las discrepancias en el papa Paulo VI fueron creciendo y en 1976 ordenó los primeros sacerdotes, quedando suspendido a divinis.
Con el papa Juan Pablo II se reanudó el diálogo y en 1984 se autorizó que pudiera celebrarse misas con el rito antiguo, pero siempre que se reconociera que el nuevo rito aprobado por el Concilio también era válido. Ahí se fue viendo que la posición de los lefebvrianos no era tanto un problema litúrgico como una serie de problemas doctrinales y de otras cuestiones aprobadas en el Concilio:
1. La libertad religiosa. La doctrina clásica de la Iglesia había sido la de que todos deben buscar la verdad y el Estado debía facilitar que se practique la verdadera religión, que solo es la católica. Con el Concilio, manteniendo que toda persona debe buscar la verdad, se dice que debe permitirse que cada una la busque de modo libre y auténtico. Un aspecto de ello es que antes se pretendía que el Estado fuera confesional, y luego no.
2. El ecumenismo. Durante muchos años se había entendido que desde el catolicismo no debía haber más relación con otras confesiones religiosas cristianas que las dirigidas a que los miembros de éstas se convirtieran al catolicismo. Con el Concilio se produce una apertura al diálogo, con la confianza de que de esta relación salga la luz de la verdad y los miembros de otras confesiones lleguen a la plenitud de la verdad que es la Iglesia Católica.
3. La colegialidad episcopal. Se entiende en el Concilio que el Papa es cabeza del colegio de los apóstoles, y que la colegialidad no le quita prerrogativas de cuidar de la unidad de la Iglesia. Los lefebvrianos encumbraban mucho más la figura del Papa.
4. La Reforma litúrgica. El el Concilio impulsó una importante renovación litúrgica que, entre otros aspectos, se tradujo en el rito actual de la misa, en lugar del establecido por el Concilio de Trento, más extenso y celebrado exclusivamente el latín. Los lefebvrianos defendían acerrimamente la misa tridentina.
Avances y retrocesos
En todo este marco, en 1987 el papa Juan Pablo II tuvo un encuentro en Asís con los máximos representantes tanto de otras confesiones cristianas como de otras religiones. No rezaron juntos, sino cada uno a su manera y a su dios, pero sí en el mismo lugar. Para Lefebvre ello era un acto de apostasía del Papa renunciando a la fe católica por considerar que todas las religiones son iguales.
Aun así, en 1988, Lefebvre firmó un protocolo con la Santa Sede por medio del cual, a la vez que la Santa Sede aceptaba la celebración tradicional de la misa, él se comprometía a aceptar las partes esenciales del Concilio Vaticano II, aunque se dejaran para más adelante precisiones sobre la forma de exponer determinados aspectos. Pero al día siguiente, Lefebvre se desdijo.
Como avanzaba en edad y entendiendo que necesitaba sucesores, Lefebvre procedió a realizar tres ordenaciones episcopales en 1988. Quedaron él y los tres obispos automáticamente excomulgados. Murió el 1991 sin haberse reconciliado con en Papa.
Una muestra de que el rito tradicional no ha sido el obstáculo básico es el hecho de que, incluso habiendo salido algunos de los propios lefebvrianos, hay grupos que celebran la misa con tal rito y siguen en comunión con el Papa, como la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro, la Fraternidad Sacerdotal de San Juan María Vianney, los Canónigos Regulares de la Madre de Dios, la Fraternidad de San Vicente Ferrer, el Instituto de Cristo Rey Uno y Sumo Sacerdote, algunos monasterios benedictinos y otros.
Nuevos contactos con Benedicto XVI
Con Benedicto XVI se dieron nuevos contactos cara a atraerlos. En 2007 se dio libertad para poder utilizar en ciertos casos el misal antiguo, en 2009 se levantó la excomunión y se iniciaron contactos a fin de vertebrar un estatuto jurídico que los situara dentro de la Iglesia. Se llegó a plantear la aplicación de la fórmula de una Prelatura personal, pero la Fraternidad rechazó el preámbulo que planteaba Roma, y de hecho propusieron la vuelta a las doctrinas del Concilio de Trento, que son aceptadas por la Iglesia, pero también las de los concilios posteriores.
Para aceptar su pleno retorno al seno de la Iglesia, Benedicto XVI exigía tres condiciones:
– Reconocimiento de que el Magisterio de la Iglesia es el auténtico intérprete de la Tradición.
– Reconocimiento del Concilio Vaticano II como parte de la Tradición de la Iglesia (es decir, que no es una ruptura con todo lo anterior, sino una reforma)
– Aceptar la validez de la celebración de la misa con la nueva liturgia.
La respuesta de los miembros de la Fraternidad fue negativa, por entender que haber aceptado tales condiciones significaba una claudicación.
El papa Francisco hizo también diversos intentos para encontrar puntos de acuerdo. Tampoco han respondido positivamente a las apelaciones del papa León XIV. Además, en declaraciones más recientes del actual Superior General de la Fraternidad, Davide Pagliarini, se estaba mostrando que se sienten cómodos sin el reconocimiento de la autoridad del Papa.
Díficil acuerdo
Por último, el Dr. Gil explicó elementos más recientes que, al menos por el momento, hacen muy difícil este retorno de los miembros de la Fraternidad al seno de la Iglesia. Así, dijo, expresan dudas sobre la validez de los sacramentos de la Iglesia, “y esto es grave”, precisó. Muestra de ello es que dudan de que esté presente Jesucristo en las sagradas formas consagradas en las misas según el rito actual, posconciliar. Hasta el punto de que si un sacerdote de la Fraternidad en algún momento oficía en una iglesia en la que se hace también con el rito moderno, solo acepta las formas por él consagradas, y a sus seguidores se les dice que si no pueden asistir a una misa según el rito tradicional mejor que no acudan, aunque sea domingo.
Gil expresó que, hoy por hoy, resulta difícil llegar a un acuerdo porque los miembros de la Fraternidad pretender decir qué es lo que forma parte de la Tradición y lo que no, cuando a los únicos a los que Cristo dio la potestad de decidir lo que es Tradición de la Iglesia y lo que no lo es son el Papa y los obispos en comunión con él.