6. Respetar la dignidad humana de los emigrantes y promover la integración como un camino recíproco.
Uno de los motivos del viaje era justamente estar con los emigrantes que han llegado a Europa en condiciones muy duras y algunos incluso han perdido la vida. En varias ocasiones, el Papa subrayó el respeto debido a la dignidad que los emigrantes poseen por ser personas. En su visita a Canarias se refirió a la integración de los emigrantes como un camino recíproco. Señaló: «Integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria. Tampoco significa crear mundos paralelos, cerrados unos a otros, donde las personas conviven sin encontrarse realmente. Integrar es un camino recíproco: quien llega aprende a habitar una tierra nueva, y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro».
A los migrantes, «les corresponde una parte noble y necesaria de este camino: abrirse con confianza a la comunidad que les recibe, aprender su lengua, respetar sus leyes, conocer sus costumbres, participar en la vida común y ofrecer con gratitud sus dones». Remarcó que «toda la sociedad que acoge tiene deberes hacia quienes llegan; y quien es acogido descubre también que la dignidad reconocida como derecho florece cuando se convierte en responsabilidad y deseo sincero de construir junto a los demás.»
7. Favorecer la familia y una educación de calidad.
La «particular importancia de la familia, realidad humana primera y fundamento natural de la comunidad» subrayada por el Papa, afirmando: «Allí donde la familia es sostenida, se fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones. La familia será siempre la primera escuela de humanidad en la que se aprende, antes que en cualquier otro lugar, la gramática elemental de la convivencia: recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer».
Las instituciones educativas ocupan también un lugar decisivo en esta tarea. «En ellas, las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse sobre el sentido de la vida y la dignidad de cada persona. Por eso, muchos padres, deseosos de que sus hijos aprendan a relacionarse, a pensar con espíritu crítico y a adquirir valores sólidos, depositan en ellas grandes esperanzas, como valiosas aliadas en su educación». Esta colaboración ha de respetar siempre el «derecho primario e inalienable» de los padres a «elegir el tipo de educación y de formación que reciben sus hijos, en coherencia con sus propias convicciones morales, culturales y religiosas» (cf. Magnifica humanitas, 143; cf. Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, art. 18.4).
8. Cooperar en la construcción de una nueva sociedad, cuidando la comunicación y tejiendo redes con hilos de amor.
La imagen de la construcción cooperativa, de la que habla Magnifica humanitas, frente al orgullo y al poder simbolizados por la Torre de Babel, fue retomada por el Papa para referirse a la comunicación. Según el Papa, la comunicación abarca diversos ámbitos de la actividad humana. Por ello, «debemos cuidar el lenguaje que se utiliza: escrito, oral y, en el entorno digital, también el de las imágenes; porque la comunicación nunca es neutral. Toda expresión habla, transmite; puede herir o sanar, destruir expectativas o abrir horizontes, sembrar división o despertar la esperanza en la posibilidad de construir juntos algo genuinamente humano».
Junto a la imagen de la construcción, utilizó la metáfora de «tejer redes» y la aplicó al mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte. Y añadió que «tejer redes es un diálogo entre instituciones centrado en la dignidad humana».
El Romano Pontífice, desde una visión cristiana de la vida, señaló que «el Creador ha entramado al ser humano con hilos de amor, ya que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, Dios que es amor (1 Jn 4,8). Aquí reside el fundamento de la inalienable dignidad humana, cuyo absoluto respeto es la base del diálogo».
Y, concretando un poco más, añadió: «Ello comporta, por ejemplo, que la universidad no viva de espaldas al mundo del trabajo ni renuncie a la verdad; que la actividad empresarial no vea al empleado como un factor más en la ecuación de sus intereses; que el arte no tenga como fin solo a las élites; que el deporte no sea reducido a espectáculo o convertido en mero negocio; que el progreso tecnológico tome en cuenta a los ancianos, a los pobres y a quienes no tienen voz».
Esta tarea presenta múltiples dimensiones. Una de ellas es fomentar la cultura del encuentro, que genera estabilidad y prosperidad, evitando la cultura del enfrentamiento. «Es una llamada a superar la polarización y la crispación en la vida política, buscando el diálogo y la negociación como vías de entendimiento ante las discrepancias.»
9. Redescubrir el valor de la interioridad y la belleza de la fe cristiana.
Estamos inmersos en un mundo muy volcado hacia fuera de uno mismo, hiperconectado, tremendamente polarizado y sometido a un sinfín de impactos informativos, pero con frecuencia marcado por un gran vacío interior y donde las personas no siempre son debidamente valoradas en su dignidad. Más aún, en tantos aspectos la dignidad humana no deja de ser vulnerada. En contraste, León XIV ha insistido en la importancia de la cultura, la interioridad y una educación libre y de calidad, añadiendo que «necesitamos trascendencia».
Volver a la interioridad no es una huida intimista, sino una apertura radical a Dios, siempre nuevo e inabarcable, que se realiza cuando volvemos a nosotros mismos y, desde Dios, nos enfrentamos a la realidad con toda su complejidad. Es importante escuchar esta voz de Dios en nuestra interioridad, pero conviene discernir si es verdaderamente Dios quien habla o si se trata de otra cosa.
En respuesta a la pregunta de un joven que le preguntaba cómo descubrir la belleza de la fe cristiana, León XIV señalaba un itinerario en tres etapas. Primero, desarrollar la capacidad de estar en silencio y de buscar la verdad, conscientes de que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece. Segundo, tener la certeza de que Dios conoce bien nuestra voz, nos escucha y nos responderá. En tercer lugar, para reconocer la voz de Dios es necesario escuchar la Palabra. La Palabra de Dios está viva porque es Cristo, cuya voz sigue resonando en la Iglesia, que es su Cuerpo. Concluyó señalando la importancia de acompañar y dejarse acompañar por otros.
10. Revitalizar la fe en Jesucristo viviéndola con coherencia.
Millones de turistas visitan cada año iglesias, catedrales, museos con multitud de imágenes religiosas o asisten a los desfiles procesionales de las cofradías; nadie niega el legado cultural milenario del cristianismo. Sin embargo, es un hecho que ha disminuido la práctica religiosa e incluso el número de quienes se consideran católicos.
Ante esta situación, León XIV, en la homilía en la misa del Corpus Christi, junto a la plaza de Cibeles, formuló «una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy». Una religiosidad que incluye la adoración a Dios, también en su presencia sacramental en la Eucaristía, pero que no se limita a prácticas de piedad, sino que es vivida en toda su integridad.
«Una escuela —añadía— que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano (…); una escuela de la que aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común».
En esta misma línea, en la Sagrada Familia, León XIV subrayaba con fuerza la invitación de Jesucristo a creer en Él, quien se presenta a sí mismo como «Yo soy», justamente «el Nombre Santísimo que Dios entregó a Moisés desde la zarza ardiente, revelando su inquebrantable fidelidad», recordó el Papa. Y añadió que es «un llamamiento a la libertad por parte de Cristo, que quiere para nosotros el bien definitivo y eterno».
Una fe que ha de ser coherente: «Queridos hermanos, no podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente incluso antes de que nazca. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria».
Conclusión
El viaje de León XIV a España ha dejado numerosos mensajes de gran relevancia para la vida personal y social: la centralidad de la dignidad humana, la búsqueda de la verdad más allá de las ideologías, el valor de toda vida humana, la importancia de la familia y la educación, la integración de los inmigrantes, la cultura del encuentro y la necesidad de revitalizar la fe en Jesucristo. Todos estos temas aparecen unidos por una misma convicción: la persona humana ocupa el centro de la vida social y encuentra su plenitud en la apertura a Dios y al servicio de los demás.
Junto a sus palabras, ha resultado especialmente elocuente el testimonio personal del Papa: su cercanía, su atención a los más vulnerables y su constante llamada a la misericordia, al diálogo y a la reconciliación.
En su despedida, al término de la misa celebrada en Santa Cruz de Tenerife, León XIV manifestó su gratitud por la acogida recibida y expresó su esperanza de que el mensaje de este viaje contribuya a fortalecer la fe, la convivencia y la búsqueda del bien común. Al mismo tiempo, invitó a «alzar la mirada» repitiendo el lema de su viaje apostólico, y a convencerse que la misericordia de Dios es «la única que puede salvar la humanidad, necesitada de perdón y reconciliación para alcanzar la paz verdadera y duradera».
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