Javier García Gibert, La razón humanista. Fuentes, principios, deslindes, metas. Cypress, Sevilla, 2026, 206 págs.
No conozco personalmente a García Gibert, pero lo admiro desde que leí su Sobre el viejo humanismo. Ahora y tras la lectura de su nuevo aporte, no puedo menos que subirle a mi particular y exclusivo cuadro de honor permanente. Estamos ante otro gran logro, La razón humanista percute donde el anterior exponía. En ambos la sabiduría se derrama por sus páginas deseando que fluyan sin término, y, en la reciente novedad, la pertinencia se hace virtud pues nuestro tiempo es decididamente anti-humanista.
Leído en los prolegómenos del mundial de fútbol, no he podido menos que imaginar el partido decisivo. El bando anti alinea a Descartes, Darwin, Comte, Freud, Rousseau, Condorcet, Said, Nussbaum, Singer, y Butler, entre otros. Del lado humanista juegan Sócrates, Platón, Cicerón, Pablo, Jerónimo, Agustín, Erasmo, Petrarca, Dante, Fray Luis, Eliot y Arendt. Entre la hinchada pro vemos los rostros de Pico, Pascal, Kant, Nietzsche, James, Camus, Zweig, Simmel, Weil, Steiner, y Ratzinger, todos entusiasmados con su equipo. El señor Montaigne es el árbitro del encuentro. Aunque los anti han ganado las anteriores eliminatorias, ¿quién ganará esta?
García Gibert no se hace ilusiones, pero su lectura, al menos a mí, sí que entusiasma. Un contento racional más que pasional en línea con el texto. El profesor valenciano deslinda campos: racionalidad frente a racionalismo, perfeccionamiento frente a progreso, ideas frente a ideologías, razón frente a sentimiento, e igualdad frente a igualitarismo. Con ello podemos distinguir humanismo y humanitarismo, que resultan ser contrapuestos, uno centrado en los deberes y otro en los derechos.
La crítica a la modernidad es certera y precisa, desnudando la idolatría cientifista y denunciando los monstruos que fabrica y suelta. Acertadamente afirma, pensando en la relatividad y lo cuántico, que la objetividad científica no es lo mismo que la realidad objetiva.
El análisis de la conformación del humanismo clásico es, sencillamente, magistral. El resultado fue, explica, la exaltación de la sabiduría frente al conocimiento mediante la fusión de dos binomios culturales: el greco-latino y el judeo-cristiano, con grandes sabios de por medio.
El libro, como digo, me ha gustado mucho en conjunto, aunque pueda disentir en algo de poca importancia. Supongo que gustará también al público culto y letrado en general. Creo que supondrá una gran ayuda a la academia y, en concreto, al profesorado de filosofía, historia, derecho, y ciencias sociales. Una joya que conviene guardar, para volver a ella de vez en cuando.