Reseña

Fundamentos para una empresa humanista (Libro)

DOMÈNEC MELÉ, Fundamentos para una empresa humanista centrada en la persona. Pamplona: Eunsa, 2025.

El profesor Domènec Melé, referente internacional en ética empresarial del IESE, ofrece en esta obra una sólida fundamentación antropológica sobre la razón de ser de la empresa. La obra se estructura en siete capítulos que trazan un itinerario lógico desde la perspectiva histórica hasta el diseño de la organización contemporánea.

El primer capítulo, «Un largo camino en la humanización de la empresa», repasa los intentos de humanizar las organizaciones desde la Revolución Industrial hasta la Responsabilidad Social Corporativa actual, revisando críticamente la consideración de las personas siguiendo el desarrollo del pensamiento en management del siglo XX a través de autores como Taylor, Fayol, Barnard, Follett, Simon y Drucker. A pesar de reconocer los avances, Melé manifiesta que «estamos lejos de que la persona humana sea considerada por sí misma y de conseguir organizaciones y culturas con auténtica calidad humana» (p. 59). Según el autor, la gestión moderna todavía arrastra un déficit de humanidad porque instrumentaliza al empleado y prioriza el beneficio económico como criterio supremo, cuando este debería estar al servicio de las personas. El capítulo concluye proponiendo un cambio de paradigma hacia una perspectiva humanista, cuyas bases se desarrollan en las páginas siguientes.

El segundo capítulo, «Humanismo personalista», sitúa la obra al margen de enfoques secularizados o utilitaristas para defender un modelo integrador que incorpora la sabiduría cristiana. Esta visión se fundamenta en la razón, la apertura a la trascendencia, la ética como eje vertebrador de la ciencia, la técnica y el progreso, y el diálogo entre ciencia, razón y fe, para considerar a la persona en su singularidad, dignidad e integridad. Aplicado a la empresa, implica que el ser humano es un ser libre, racional, relacional y con dignidad intrínseca inalienable; por tanto, la organización nunca puede ser un simple instrumento económico, sino un reflejo de este humanismo que pone los sistemas al servicio de las personas y no al revés. Melé presenta la fe como una actividad suprarracional —y no irracional— que supera la razón o confirma «intuiciones muy relevantes para dar respuesta a preguntas profundas sobre el mundo, el ser humano, el sentido de la existencia humana y la vida después de la muerte» (p. 82). El autor concluye que cualquier directivo, sea cristiano o no, puede beneficiarse de esta sabiduría para humanizar la empresa.

En el tercer capítulo, «Comprender a la persona humana», Melé propone una visión profunda de la persona. Argumenta que las personas tienen un papel cada vez más relevante en las organizaciones; sin embargo, se muestra crítico con el reduccionismo corporativo que ve a los individuos únicamente como un medio para incrementar la cuenta de resultados, cuestión que se convierte en la raíz de la deshumanización. El autor señala que todo directivo posee un modelo de individuo humano a priori (incorporado de forma razonada o acrítica) que condiciona su gestión. El modelo que favorece la humanización dota a la persona de dignidad intrínseca, irrenunciable, respeto y la capacidad de dar y recibir amor y amistad. En definitiva, cada persona es «irrepetible, única, dotada de subjetividad y en continuo desarrollo» (p. 92). Dado que la estructura humana incluye cuerpo, mente, espíritu, racionalidad, voluntad y afectividad, ignorar alguno de estos aspectos genera el reduccionismo que empobrece las organizaciones.

En el cuarto capítulo, «Ética: una aproximación desde la persona», el autor repasa la evolución de las teorías éticas para llegar al concepto de la sindéresis de Tomás de Aquino, entendida como una «disposición natural del espíritu humano para conocer y adherirse a los principios morales fundamentales» (p. 159). En este sentido, el ser humano tiende a elegir el bien de acuerdo con la razón, y aquí nace el desarrollo de las virtudes. Este desarrollo es posible gracias a la buena voluntad (llamada apertura benevolente), que predispone a las personas a reconocer la dignidad propia y ajena, orientándose a obrar con justicia, amor y cuidado. Siguiendo este camino cobra sentido la ética empresarial, ya que es también en la empresa donde la persona debe encontrar el contexto idóneo para buscar su plenitud y aportar al conjunto de la organización.

La ética empresarial se concreta en el quinto capítulo, «Ética en la actividad económica y en la toma de decisiones», donde se explica la dificultad de integrar la ética en la economía. Melé sostiene que no existen decisiones económicas neutras: todo acto directivo contiene una carga moral e intencionalidad. Por ello, sitúa en el núcleo de la actividad directiva el desarrollo de las virtudes —especialmente la sabiduría práctica (phronesis) y la justicia—, así como el resto de virtudes morales que ayudan a implementar la acción elegida. La ética es clave en la toma de decisiones para que el directivo actúe orientado al bien común y a su propio crecimiento. Melé argumenta que la actividad económica debe estar al servicio de la felicidad, ya que «la riqueza material es un bien instrumental, valioso solo en la medida en que permite a las personas prosperar» (p. 221).

Dado que las empresas están integradas en un sistema más amplio, Melé amplía el foco en el sexto capítulo, «La empresa en la sociedad: responsabilidad y sostenibilidad». El autor revisa las distintas visiones de la sociedad hasta llegar a la perspectiva centrada en la persona, incorporando los conceptos de justicia y amistad social, basados en intereses y fines compartidos que generan vínculos relacionales. A continuación, define el bien común como «la referencia crucial para la legitimidad moral de la vida social y de la actividad económica» (p. 245), ligado al principio de solidaridad, que obliga a los miembros de una comunidad a contribuir a él. Melé se aleja de visiones reduccionistas o de marketing cosmético de la responsabilidad social y establece que la ética es el criterio superior para valorar la economía.

Finalmente, en el séptimo capítulo, «Entender la empresa centrada en la persona», Melé llega a la síntesis y propone un modo de entender empresa a partir de la teoría de la causalidad aristotélica. Comienza interpelándonos sobre qué determina la legitimidad corporativa y, tras exponer distintas visiones, llega a la definición de la empresa como una communitas (comunidad de personas).  Concreta la causa final en el bien común, que no es la suma de intereses individuales, sino la generación de condiciones que permiten el florecimiento de todos los grupos relacionados con la empresa (relationholders). Este bien común se divide en dos misiones: la externa (servicio a la sociedad) y la interna (servicio a las personas implicadas en la actividad de la empresa), de modo que el bien común de la empresa sea coherente con el de la sociedad.

Melé destaca que esta visión garantiza una empresa sólida, cohesionada y con un sentido que perdure en el tiempo. En conclusión, la obra es una propuesta sólida que desmonta el falso dilema entre eficiencia económica y exigencia ética. El autor recuerda que la rentabilidad es una condición necesaria pero no suficiente para la supervivencia a largo plazo. Es preciso entender que la razón de ser de las empresas es el desarrollo de las personas para que puedan alcanzar la eudaimonía o plenitud. Una lectura imprescindible para directivos, académicos y estudiosos del management que deseen liderar con propósito y construir empresas verdaderamente sostenibles.