Francesc Torralba, Anatomía de la esperanza, Destino, Barcelona 2026, 186 pg.
Nos encontramos ante un autor prolífico y seguramente uno de los mejores filósofos en activo del panorama catalán. También, uno de los más conocidos de España, y cuyos libros se encuentran entre los más vendidos en las cadenas de distribución literaria. Esta es su última obra, que fue premio Josep Pla 2026, por el interés del tema que trata y por su fantástica pluma en la lengua de Pompeu Fabra.
Francesc Torralba aborda en esta obra un tema más necesario que nunca; habla de la esperanza. Y lo hace abordando el tema desde los mil costados teóricos y existenciales que una virtud posee.
El libro está estructurado en dos partes. De la misma manera que el autor ve el mundo ―respecto a la esperanza― divido también en dos mitades.
Una parte de la humanidad es El grito de Munch. “Esta obra (…) se ha convertido en un icono del siglo XX, una referencia ineludible a la desesperación. Habla sin decir nada; evoca lo que no podemos narrar, revela lo que le pasa a un ser humano cuando cae en el pozo de la desesperación.
El grito tiene más de un siglo, pero refleja, como ninguna otra obra, el estado de desesperación, el polo opuesto a la esperanza, que todo ser humano puede experimentar en un momento dado. (…) no es extraño que cualquier persona que haya experimentado o experimente este estado de ánimo al contemplar esa obra, vea reflejada su alma, independientemente de cuál sea la razón de su desesperación”. Una parte del mundo son los desesperados.
La otra: los esperanzados. Y Klimt retrata a este grupo en su cuadro: La esperanza; en el que una mujer grávida es capaz de llevar el embarazo adelante, a pesar de estar rodeada de figuras tétricas y monstruos marinos. La protagonista del cuadro nos mira, confiando en un mundo mejor que será el que habite su hijo.
En dos secciones diferenciadas, Torralba habla de los desesperados: “Contra el desencanto”; y de los esperanzados: “El susurro del espíritu”. En cada una de las partes va pasando por actitudes ―en concreto 12 en cada parte― que potencian o aniquilan el horizonte humano.
La brevedad de cada capitulo facilita tanto la lectura como la reflexión de lo leído. Torralba combina con acierto abundantes citas sobre el tema de distintos filósofos y literatos y los hilvana con sus consideraciones que surgen de lo leído y lo vivido. En este sentido, la de Torralba es una filosofía que conecta con la vida ―con la tierra―; no es “filosofía marciana”, pues el enfoque fenomenológico relaciona lo que se comenta con experiencias muy universales.
A través de sus consideraciones va mostrando primero a los “profetas de una época sin esperanza”: Camus, Kafka y Nietzsche.; los argumentos del “desesperado” (nihilismo, cinismo, desconfianza, claustrofobia existencial). En la segunda parte “susurra” la importancia que tiene esta virtud y lo destructiva que puede ser su ausencia. La esperanza es apertura a un horizonte que funciona como causa final: nos da un lugar al que tender y una dirección de movimiento; lleva al compromiso y al cambio. Por eso, es de alguna manera también, causa eficiente; la esperanza no es una “espera aburrida”, esperanza es motor. Lleva a la acción.
El tono es cálido. Así es Torralba y todo el que ha acudido a alguna conferencia suya lo sabe. No es solo el timbre de su voz, sino que su discurso va proponiendo temas, sin imponerlos. En este sentido Torralba siempre da la razón al que piensa distinto ―aunque sea parcialmente, sin decirle que es parcialmente―. Por eso el tono es siempre conciliador y manso. Quien busque refutaciones o argumentos afilados ―que hieren― aquí no los va a encontrar; Torralba hiere suave, hiere por dentro.
Para el autor la esperanza no es sólo una virtud teologal (para creyentes), sino un horizonte que debe tener todo humano. Leyendo el libro escuchamos a tantos que han pensado sobre ella y descubrimos cuáles son y que flaquezas tienen nuestros horizontes. ¿Dónde está nuestra esperanza?