Reseña

Los domingos (Película)

Los domingos, película dramática española de 2025 dirigida por Alauda Ruiz de Azúa y protagonizada por Blanca Soroa, Patricia López Arnaiz, Juan Minujín, Miguel Garcés y Nagore Aranburu.

Lo ha ganado todo, además de un éxito de taquilla con muchos pocos precedentes en España. Ha arrasado a los premios Goya llevándose los galardones más importantes, y el mismo lo consiguió antes con los Forqué, los Feroz, el San Jorge, la Conxa de Oro de San Sebastián, la medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos, los Familia. Todos los premios españoles. Y en este caso con méritos propios, lo cual no siempre se puede aplicar a muchos de premios que se dan en el mundo del cine. Los domingos , de Alauda Ruiz de Azúa es una gran película, destacable en muchos aspectos cinematográficos.
Veamos otra vertiente. ¿Es un film que abre la puerta a la evangelización, al acercamiento de las personas a Dios, que pone en evidencia un potente brote verde de regeneración espiritual y cambio de tendencia a la bajada de vivencia religiosa a nuestra sociedad, como algunos han afirmado? Es posible, pero hay que ser cautelosos. Empezando para advertir un hecho incuestionable: la directora, que se declara no creyente, ha quedado bien con todo el mundo. Con las órdenes religiosas, con los católicos de misa diaria y apostólicos, con los agnósticos, los ateos y con los militantes antirreligiosos. Un abanico tan amplio y contradictorio significa que la película es abierta a muchas interpretaciones, que deja dudas y debates interiores y que hace abrir conversaciones por la forma de actuar de las personas o por la perspicacia y flexibilidad en las escenas. El poner incógnitas, el hacer pensar y debatir, es extraordinariamente positivo para una película, pero cuando aquello que entra en cuestión es el aspecto más central y íntimo de la persona humana tiene sus peligros. Esta película es un trabajo sutil e inteligente, pero sin sentencia o conclusión moral final, además que en el trascurso del film incluye personajes contradictorios mezclados con maestría y con los cuales cualquiera puede sentirse identificado.
La síntesis es la siguiente: Ainara (interpretada por Blanca Soroa) es una joven idealista y brillante de 17 años. Su madre había muerto y ella y sus dos hermanos más pequeños viven con su padre (interpretado por Miguel Garcés), el cual tendría otra pareja. Tienen todos una intensa relación y convivencia con la tía, Maite, hermana del padre. La familia espera que la chica se plantee la carrera que quiere estudiar, pero Ainara manifiesta que se siente cada vez más cerca de Dios y quiere ser monja de clausura. La noticia coge por sorpresa a toda la familia y desata una prueba de fuego con muchas tensiones.
La directora declararía que conoció el caso de una amiga que siguió este camino vocacional, que le impactó y que después se documentó con personas que habían seguido el mismo itinerario. Tiene el mérito de tratar con gran respeto la vocación religiosa. Solo por eso ya merece la pena el film, con los tiempos que corren, cuando todo aquello que tenga relación con la religión católica suele ser maltratado por el mundo cinematográfico: además de ataques o ninguneando lo doctrinal, si uno de los protagonistas es un cardenal o un obispo es un conspirador, si se trata de un cura como mínimo es pederasta o lleva una doble vida, si son monjas resultan malas e intransigentes que maltratan a los niños huérfanos y a las madres solteras, y si su seglares abiertamente católicos resultan nefastos, sectarios o crédulos estúpidos e irreflexivos.
La película aborda con sutilidad pero con claridad la libertad con la cual la chica quiere seguir su vocación, retrata con honestidad la vida conventual y presenta la madre superiora (interpretada por Nagore Aramburu) como una persona de gran serenidad, clarividencia, convicción y respecto a las decisiones de los otros. El discernimiento vocacional, la fe, el rogar sin hacer el ridículo y el sentido del amor están muy bien reflejados.
Es también un film sobre la familia con sus luces y, en este caso, todavía más sombras: cierta desestructuración familiar, una abuela que quiere contentar a todo el mundo y por eso mismo no es capaz de dar criterio, un padre que pinta poco aunque finalmente adopta la determinación de dejar que su hija siga su vocación, y una tía omnipresente, una figura con mucha fuerza, atea y profundamente antirreligiosa, que se opone con todas sus fuerzas a la vocación de la joven.
La tía Maite (interpretada por Patricia López Arnáiz), es retratada con gran realismo como muestra de militancia en la irreligiosidad, que evidencia al mismo tiempo un sentido de superioridad moral que tan frecuentemente se ve reflejado en los ateos y, de forma más general, en los sectores político-social izquierdistas. Intransigencia absoluta e incapacitado de comprender lo espiritual. Es cierto que, como dice la madre superiora del convento, las razones y decisiones sobre la vocación solo se pueden entender desde la fe. Y una frase que puede pasar sin pena ni gloria pero relevando la dice el padre de chica cuando su hermana niega la existencia de Dios: “ellos creen en Dios y tú crees en el cambio climático”. Todos tenemos algún dios en quien creer.
Una escena colateral que entiendo especialmente relevante, aunque morbosa, la constituye la tertulia de un grupo de chicos y chicas amigos de Ainara, ella incluida. La desinhibición en temas de sexualidad con los cuales se expresan muestra con claridad la actual deformación de la mayor parte de jóvenes en este campo.
Probablemente uno de los deméritos del film es la escasa expresividad de Ainara. No trasluce ni la alegría interior que le pueda dar la plena entrega a Dios ni tampoco la lucha con sí misma ante una decisión tan trascendente. Por otra parte, a pesar de ser un personaje muy colateral, no es muy razonable presentar como director espiritual de la chica a un sacerdote muy joven.
Es, en conjunto, una película importante y su joven directora se consolida como uno de los grandes del cines español. Ya triunfó con Cinco lobitos y con la serie Querer, y lo ha conseguido aun más con Los domingos.
Esta no se puede considerar una película religiosa en sentido estricto. Cómo se ha dicho, es poliédrica y susceptible de muchas interpretaciones. En todo caso, habrá que estar atento a las obras futuras de Alauda Ruiz de Azúa, que se sigue declarandose no creyente, para ver si ella se identifica con la joven Ainara o con la tía Maite.