SEBASTAIN MORELLO, Mysticism, Magic, & Monasteries, Os Justi, 2024, 204 pp.
Si tuviésemos que hacer un listado de los libros que en proporción a su extensión más hacen pensar, éste de Morello estaría en el cuadro de honor. Tenía ganas de leerle en formato texto y estoy muy satisfecho de haberlo hecho pues MMM me ha dejado un regusto de placer intelectual y de acompañamiento difícil de igualar.
Morello habla y escribe como un lord inglés, siendo como es, un profesor y joven padre de familia de venturosa trayectoria, discípulo de Roger Scruton. Aquí maneja con indudable soltura la sabiduría extraída de varias disciplinas, filosofía, teología, eclesiología, historia, y crítica cultural, para armonizar una composición literaria que vuela a gran altura. Su punto de partida es el tradicionalismo católico, y su diana de referencia crítica está compuesta por un elenco de egregores salidos de la modernidad, el modernismo, el racionalismo, la ilustración, Descartes, y la deriva vaticana tras el último concilio. Su ortodoxia, por otro lado, es irrebatible.
El autor asume en lo vertical y filosóficamente, como los santos Padres, los presupuestos del neoplatonismo oriental adobado, uno piensa que con sentido del humor, con algunos usos y modos de la tradición hermética. Su lógica es clara y contundente, y sus críticas no menos. Despoja el tradicionalismo filosófico de ornatos y sucedáneos para centrarse en lo fundamental, que, en lo horizontal, basa en el Aquinate más puro y en la cosmovisión benedictina del mundo (con cierta crítica a Dreher). Son muy interesantes sus interpretaciones sobre el lamentable auge del clericalismo en la historia eclesiástica, la defectuosa conformación de imaginarios de compromiso cristiano que menoscaban el monasticismo, las lacras de la itinerancia consagrada por el olvido del locus, o la multiplicación de jerarquías de ocasión que originan estamentos potestativos sin sentido, tanto en la vida civil como en la iglesia. Todo está muy bien y queda bonito, lúcido, y atractivo en verdad.
Mi crítica a Morello, menor por tocar solo un aspecto, no es tanto sobre lo que dice o cómo lo dice, sino desde dónde y para dónde lo dice. Así, no tengo nada que objetar sobre su filosofía, pero sí sobre su sociología. Ciertamente el autor huye, y hace bien, de abstracciones escapistas de la realidad (Descartes), pero su estanza propositiva es, en sí misma, especulativa, en la medida en que abstrae el tiempo, el transcurso que propicia los cambios que estudiamos los sociólogos. En concreto, la crítica, certera, repito, del autor a la modernidad se construye desde el pasado, y no, como creo que sería más útil, desde el, o los, futuros apuntados. Vamos, que no se puede borrar la modernidad de un plumazo y, como si no hubiera existido, volver a una premodernidad idílica aún sea con tecnología punta.
Este es, en mi opinión, el dilema y nudo gordiano del tradicionalismo en la actualidad. Hay que atreverse a operar sociológicamente. El camino saludable más allá de la modernidad se vislumbra y abre sociológica, mejor que filosóficamente, como, por otra parte, arguye el mismo Morello con su desdén por las ideas colectivas performativas. ¿Y no es, podemos preguntarnos, su propuesta premoderna hoy, una de ellas?
Estoy muy de acuerdo con el autor en su crítica y críticas, pero no tanto en su utopía como receta, si es que va en serio y es totalista. Para salvar la libertad de espíritu y la conciencia individual en el tránsito de la modernidad a lo que venga después, en el supuesto de que la continuidad histórica sea posible, creo que debemos, unos intencionadamente y otros haciendo de tripas corazón, salvar lo que de bueno haya deparado el duro y penoso transcurso moderno con su insufrible epígono postmoderno. Y ahí está, entre otros beneficios, la pluralidad, con la diversidad de formas a las que ha dado y dará origen la libertad con la gracia. Por eso, sí a un audaz y radical cambio cultural hacia lo desconocido centrados en Cristo. Y no, a un escape con mapa de vuelta en el tiempo. Cristo no nos aguarda inmóvil en otro lugar, antes bien, como ya dijo, camina con nosotros donde vayamos y si no le echamos. El ora et labora es una cosa muy buena, la santificación del trabajo también.
A Morello hay que leerlo. Hace bien y abre la mente.