Cristian Mendoza, En busca de lo indispensable. Una pregunta actual en torno a la pobreza y al bien común, Rialp, Madrid 2024, 175 pp.
Como reza el título del primer capítulo del libro la pobreza es un problema humano muy complejo. La pregunta es: ¿tiene solución? ¿Alguien tiene una varita mágica o un super poder como el legendario Rey Midas, que convertía en oro todo lo que tocaba, y puede transformar la pobreza en riqueza? El problema se agrava cuando uno se plantea quién tiene autoridad para hablar de esta virtud. No vaya a ser que se le eche en cara: “Tú, hablas de pobreza. Pero, ¿vives pobre? ¿Qué haces por los demás? ¿Eres lo suficiente pobre para tratar seriamente sobre esta condición humana? ¿Cuál es tu curriculum relativo a esta virtud?” De este modo, se habla indistintamente tanto de la situación de pobreza (carencias básicas) como de la virtud de la pobreza (desprendimiento).
En este caso, el autor del libro, Cristian Mendoza, es profesor de Doctrina Social de la Iglesia en la Facultad de Teología de la Universidad de la Santa Cruz en Roma. Lleva tiempo dedicado al estudio de la pobreza. Otro libro suyo, La pobreza como problema humano (2022) aborda el tema de forma más académica.
En el libro que recensionamos, En busca de lo indispensable, pretende que el lector se plantee personalmente, cuáles son las riquezas indispensables, tanto materiales, racionales o espirituales, y sobre el modo de afrontar su escasez. Acude para eso, a numerosas historias reales.
Es una realidad que está entretejida con las constantes cuestiones humanas acerca del dolor y del mal en la vida de las mujeres y de los hombres: nos empobrece aquello que disminuye nuestra propia dignidad, y al escuchar historias de pobreza verdadera surge de alguna manera la intención y el deseo de hacer algo.
El libro se estructura a partir de una idea antigua del desarrollo humano que se encuentra en una poesía india escrita en sánscrito que pretende enseñar al lector el sentido de la vida. El texto dice así:
“Si trabajas, no hay pobreza.
Si rezas, no hay pecado.
Si permaneces en silencio, no hay guerra.
Si eres cuidadoso, no tendrás miedo”.
Cada uno de los capítulos siguientes responde a un verso del poema.
“Si trabajas, no hay pobreza”. Trata de la relación entre riqueza y trabajo, y de cómo efectivamente se ha conseguido elevar el nivel material y de bienestar en una gran parte de la población. Aunque siga habiendo grandes bolsas de pobreza, incluso en países avanzados.
“Si rezas, no hay pecado”.
El pecado acarrea pobreza material, injusticias, abusos, vejaciones… La riqueza espiritual es motor del desarrollo. Es verdad que la ética protestante lleva a confundir el éxito con la virtud, pero no cabe duda de que un gobierno de hombres buenos y justos conlleva mejoras en todos los niveles de la sociedad.
“Si estás en silencio, no hay guerra”.
El silencio es hoy un bien preciado y escaso. Para que haya paz fuera hay que comenzar por la propia alma, por el corazón humano que ha de pacificarse. El conflicto que genera la falta de paz entre los ciudadanos surge sobre todo si la satisfacción humana se basa únicamente, o principalmente en la posesión de bienes materiales y en el cumplimiento de los derechos de poseer que nacen de esos bienes. Piensa el autor que esto podría traducirse como una sobriedad de vida, donde no se hace ruido de los propios bienes materiales ni de los propios talentos racionales, sino que todo se pone al servicio de Dios y de los demás.
“Si eres cuidadoso, no tendrás miedo”.
Se trata de superar la pobreza material, espiritual y racional. Y lo propone de esta manera: “La riqueza material es atractiva para cada persona […] porque el ser humano encuentra en el bienestar la bendición de Dios y el aprecio –más o menos sincero– de los demás. La riqueza racional es fascinante no solo porque nos permite considerar la validez de nuestras propias teorías sino sobre todo porque la razón explica la realidad, la transforma y hace comprensible nuestro mundo. Las más altas ideas son expresión de espíritus profundos que han sabido considerar lo esencial del vivir”.
En el último párrafo del libro el autor invita a enfrentarse de modo personal con el reto de la pobreza en el mundo, lo que implicará una serie de resoluciones prácticas: “Ahora tocará a cada persona continuar con su camino hacia la riqueza que se encuentra dando algo, lo que se desee, pero algo a los demás. Al dar tiempo se multiplicará el propio obrar, al dar nuestros bienes a los demás con sentido de responsabilidad y generosidad podremos valorar lo que es verdaderamente importante, al dar la vida a Dios se podrá encontrar de nuevo, pero multiplicada por cien y para siempre”.