Domingo González, Soberanismos, CEU Ediciones, 2025, 152 págs.
Certero ensayo sobre el fin de época que vivimos, explicado mediante la contraposición de dos teorías de la soberanía. La de Bodino, que a través de Hobbes y Rousseau conforma la modernidad política, y la de Altusio, otrora postergada, que podría iluminar la época viniente.
Domingo González, escribe muy bien y se posiciona aquí como un brillante académico en ciernes. El profesor de la Universidad de Murcia argumenta con soltura y, a veces, a contracorriente, para presentar el acta de defunción de un paradigma político caduco, asido todavía con alfileres al devenir de la historia. La crítica es dura y de altura, sin alaracas. Son solo poco más de 150 pp. que bastan.
Soberanismos es la antítesis del fin de la historia, pues se certifica aquí el fin del imaginario político liberal de corte estatista, abocado a las profundidades del arcano a causa de sus contradicciones prácticas. La mayor es lo que el autor llama la engañosa transubstanciación del pueblo en su representación, y la consecuente sustitución del gobierno por la gobernanza. Las quejas de Dalmacio Negro, Ferrero, o Girard, se dejan notar a lo largo del texto.
Una refrescante novedad que, espero, cunda en ulteriores aportaciones por parte del autor a un tema decisivo y de tremenda actualidad.
Síntesis del editor:
La soberanía es una de esas nociones que clausuraron la Edad Media y vertebraron la modernidad política. Alumbrada por Bodino en sus Seis libros de la república y continuada por Hobbes, culminó en la voluntad general rousseauniana y en la Revolución francesa. Hoy, sin embargo, en el tránsito de lo estatal a lo global, con el repliegue de los Estados nación y el apogeo de las grandes multinacionales, parece herida de muerte. ¿Presenciamos acaso la agonía de un concepto? En este ensayo, cuya naturaleza oscila entre la ontología de lo político y la historia, Domingo González indaga los orígenes de la soberanía, impugna su formulación moderna –incompatible con el bien común– y se pregunta si está abocada a la univocidad que muchos estudiosos le atribuyen. ¿Cabe concebir una soberanía distinta a la de Bodino y Hobbes, más apegada a la tradición europea? En caso de que sí, ¿podríamos plantearla como remedio al laberinto político contemporáneo? De la respuesta a estos dos interrogantes depende, en buena medida, el futuro político occidental.