Las noticias positivas son siempre bienvenidas, y el éxito empresarial y humano es indudablemente una de esas alegrías. Por eso, este libro constituye una valiosa aportación al ámbito de la empresa y de la reflexión social, al desentrañar con rigor y cercanía las raíces de la experiencia cooperativa de Mondragón, una de las iniciativas más singulares del siglo XX en el terreno económico y social.
La obra se estructura en dos partes claramente diferenciadas, correspondientes a la autoría de cada uno de los autores, lo que lejos de fragmentar el discurso, lo enriquece mediante una doble perspectiva complementaria. En la primera parte, Fernández Lombera sitúa al lector en el contexto histórico, social y humano del Mondragón de posguerra. A través de una reconstrucción cuidadosa, presenta la figura de don José María Arizmendiarrieta, cuyo perfil emerge no solo como el de un sacerdote comprometido, sino como el de un auténtico formador de conciencias y promotor de iniciativas sociales.
Su labor pastoral no se limitó al ámbito estrictamente religioso, sino que se proyectó sobre las necesidades concretas de la comunidad. En un entorno marcado por la escasez y las limitaciones estructurales, supo leer los signos de los tiempos a la luz de la doctrina social de la Iglesia, que asumió no como un corpus teórico abstracto, sino como una guía práctica para la transformación social. La centralidad de la persona, la dignidad del trabajo y la primacía del bien común orientaron sus propuestas, entre las cuales destacó especialmente la apuesta por la formación integral de los trabajadores.
Fruto de este impulso, algunos de ellos dieron el paso decisivo de abandonar modelos empresariales tradicionales para emprender nuevas iniciativas bajo una lógica cooperativista. La originalidad de este proceso radica en que no se trató simplemente de una reorganización económica, sino de un verdadero cambio de mentalidad: los trabajadores pasaban a ser también responsables y partícipes del proyecto empresarial. A partir de estas primeras experiencias, fueron surgiendo nuevas entidades que, compartiendo principios y objetivos, acabarían configurando la conocida Corporación Mondragón.
La segunda parte del libro, a cargo de González Enciso, aporta un elemento particularmente valioso: la voz directa de los protagonistas. A través de testimonios recogidos en entrevistas y grabaciones, el lector accede a la dimensión vivida de esta experiencia. No se trata únicamente de reconstruir hechos, sino de comprender actitudes, motivaciones y percepciones. En este sentido, la figura de Arizmendiarrieta adquiere una profundidad especial, al ser contemplada desde la mirada de quienes le trataron y se dejaron interpelar por su mensaje.
Estos relatos permiten percibir el grado de confianza que suscitó, así como la coherencia entre su palabra y su vida, factores decisivos para que muchos optaran por seguirle. Asimismo, muestran cómo la propuesta cooperativa fue entendida no como una alternativa ideológica de corte conflictivo, sino como una vía concreta de promoción humana y social, enraizada en una visión cristiana de la persona y de la comunidad.
El libro no elude, además, una reflexión más amplia sobre el papel de las cooperativas en el contexto actual. Se subraya su especificidad frente a otros modelos, particularmente aquellos inspirados en planteamientos materialistas, destacando su capacidad para integrar eficiencia económica y responsabilidad social. En un tiempo en que las tensiones entre capital y trabajo siguen presentes, la experiencia de Mondragón aparece como un ejemplo significativo de que es posible articular relaciones laborales más justas y participativas.
Desde el punto de vista estilístico, la obra combina el rigor histórico con una notable claridad expositiva, lo que facilita su lectura sin sacrificar profundidad. Pero, más allá de su interés académico, su principal valor reside en la propuesta implícita que ofrece: la posibilidad de una economía al servicio de la persona, inspirada en principios cristianos vividos con coherencia.
En definitiva, nos encontramos ante un libro que no solo ilumina un episodio relevante de la historia reciente, sino que invita a repensar el sentido de la actividad económica desde una perspectiva humanista y cristiana. Su lectura resulta especialmente oportuna en un momento en que se buscan modelos que armonicen desarrollo, justicia y dignidad humana.